Las pensiones solidarias

Por: José Blanco

El sistema de pensiones basado en la solidaridad intergeneracional llegó a su fin hace mucho tiempo, al menos en los años 90 del siglo pasado. El fin llegó mucho antes en los países de población más madura; a México llegó, sin falta. Este hecho histórico parecía un dato bien establecido desde aquellas fechas; la huelga de la CNTE muestra que no es así: algunos huelguistas han expresado que el gobierno no los oye porque no accede a su demanda principal: la abrogación de la Ley del Issste de 2007. Argumentan que el sistema de cuentas individuales y Afore perjudica sus pensiones, por lo que exigen regresar al sistema solidario.

Es necesario distinguir la realidad que motivó la ley de 2007, de la solución neoliberal típica con la que respondieron los gobiernos del Prian. El sistema de pensiones solidarias se originó en 1881, en la Prusia de Otto von Bismark. Después el sistema se extendió por el mundo y fue visto con el tiempo como el primer paso del Estado de bienestar. Vale apuntar que la esperanza de vida en la Prusia de Bismark no llegaba a los 50 años, y la edad de jubilación fue fijada en 65 años. Ciertamente en sus primeros tiempos el sistema no tuvo ninguna presión financiera. Mientras la población crecía, los trabajadores de menor edad sostenían las pensiones de quienes se iban jubilando.

Todo acabó cuando la demografía cambió: el freno del crecimiento de la población se tradujo en una marea de entrada de nuevos trabajadores cada vez más delgada en relación con la marea de los que salían y se convertían en pensionados. El problema financiero lo agravó el aumento en la esperanza de vida: los pensionados debían ser sostenidos por más tiempo.

El cambio en la pirámide de la población mexicana (datos de Conapo) es claro: el grupo población infantil + adolescencia (0-19 años) pasó del 57.3 por ciento en 1980, a 34.8 por ciento en 2000, y a 32.0 por ciento en 2025. La disminución del crecimiento de la población joven se tradujo en una ola de entrada al proceso de trabajo cada vez más escasa en relación con los que egresaban. Lo mismo se observa si se mira el movimiento de la mediana: en 1980 la mitad de la población tenía 15.5 años o menos, y la otra mitad era mayor a 15.5 años. En el año 2000 la mediana era de 22 años, y de 31 años en 2025; en 2025 el indicador era el doble que en 1980. Los datos muestran el evidente envejecimiento de la población, que acentuará su tendencia debido a que la tasa de fecundidad actual (1.6 hijos por mujer), está por debajo del nivel de remplazo de la población (2.1 hijos por mujer).

Un mayor acercamiento lo muestra el grupo 20/40 años con relación al grupo 40/60 años. En 1980 el primer grupo (el grupo joven) equivalía a 2.38 veces el segundo. En 2020 esa relación cayó a 1.42 veces, y a 1.34 veces en 2025. Una caída de 77.7 por ciento entre1980 y 2025. Así no hay sostén para pensiones solidarias, a menos que las contribuciones de los trabajadores aumentaran continuamente.

La imposibilidad del sistema solidario llegó cuando el Prian gobernaba y, por supuesto, dio una respuesta típicamente neoliberal: por años cubrió irresponsablemente el faltante del pago de las pensiones del IMSS, Issste, Pemex y CFE, con deuda pública; ese pago se convirtió en el mayor impacto en el crecimiento de la deuda. Después vino la reforma de 2007: un atraco con las Afore.

En abril de 2014 tuve una discusión con Carlos Ramírez, a la sazón director adjunto de la Consar (Comisión Nacional de Ahorro para el Retiro). Escribí un par de artículos. En una carta al susodicho, entre otras cosas le decía en relación con unos datos que él me enviara por correo privado: “Con los datos que usted me ha enviado el periódico Reforma construyó el siguiente cuadro”, que aquí no reproduzco, pero en él se advierte que: “Una quinta parte de las aportaciones de los trabajadores mexicanos ha ido directo al pago de comisiones por manejo de cuentas de retiro de las Afore. A eso yo le llamo atraco”. Y agregaba: “de acuerdo con la Asociación Internacional de Supervisión de Fondos de Pensiones, el sistema de México es el más caro entre los sistemas públicos de pensión que han hecho reformas en América Latina”. En esos años también se creó el sistema corrupto de las pensiones doradas. El malestar de los trabajadores era más que explicable. Pero “no hay mal que dure 100 años”, decian las abuelas.

Estamos en otro momento. La postura de la 4T respecto a los asalariados es muy distinta; numerosos datos lo prueban. Al mismo tiempo debe continuar administrando responsablemente los recursos públicos. Las propuestas no satisfacen los deseos de la CNTE, pero estamos en el campo de lo posible. Es indispensable tener en cuenta: 1) el tamaño de una población jubilada con una esperanza de vida en crecimiento; 2) en 2022, debido al gran tamaño del trabajo informal más el cuentapropismo, sólo 31 por ciento de los adultos mayores contaba con una pensión (Inegi); y, 3) el presupuesto de egresos debe cubrir un sifín de rubros, entre ellos los enormes programas de bienestar.