Microbiota vaginal y factores de riesgo asociados a disbiosis
14 de abril 2026.-La microbiota vaginal se considera un mecanismo fundamental de protección para mantener en óptimas condiciones la función reproductiva, ya que ayuda a conservar un entorno vaginal saludable y evita la multiplicación de microorganismos potencialmente patógenos. Puede verse afectada por factores internos relacionados con situaciones no modificables como la edad, fluctuaciones hormonales y la predisposición genética como por causas externas como el estilo de vida, la alimentación y la exposición ambiental.
En mujeres sanas, la microbiota vaginal está compuesta por diversos microorganismos, tanto anaerobios (organismos que no requieren oxígeno para sobrevivir) como aerobios, siendo los lactobacilos los más abundantes. Lactobacillus spp. (Figura 1) son bacterias anaerobias Gram positivas que colonizan la mucosa vaginal, inhibiendo la proliferación de microorganismos potencialmente patógenos gracias a la producción de compuestos antimicrobianos. En algunos casos, los niveles de lactobacilos en la microbiota vaginal disminuyen, provocando un desequilibrio conocido como disbiosis. Esta condición se distingue por ser un estado polimicrobiano en el que Lactobacillus spp se reduce, mientras que los microorganismos anaerobios aumentan. La presencia y predominio de los Lactobacillus spp son características fundamentales de una flora vaginal saludable, ya que desempeñan un papel clave en la protección contra afecciones urogenitales, como la vaginosis bacteriana (VB), las infecciones fúngicas, las infecciones de transmisión sexual (ITS), las infecciones urinarias e incluso el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
La manifestación más común de la disbiosis vaginal es la vaginosis bacteriana (VB), que presenta tres cambios clave en el entorno vaginal:
- Cambio en la composición microbiana: de una microbiota dominada por Lactobacillus sppa una con predominio de bacterias anaerobias facultativas patógenas.
- Producción de aminas por parte de la nueva microbiota bacteriana.
- Aumento del pH vaginal por encima de 4.5.
Diversas infecciones de transmisión sexual (ITS), incluyendo clamidia, gonorrea, tricomoniasis y sífilis, son factores disruptivos importantes de la microbiota vaginal. Estas infecciones no solo elevan el riesgo de complicaciones ginecológicas severas (como cáncer cervical, infertilidad, parto pretérmino y enfermedad inflamatoria pélvica), sino que además interactúan bidireccionalmente con el ecosistema vaginal: una microbiota alterada, particularmente en casos de vaginosis bacteriana, incrementa la susceptibilidad a ITS, mientras que estas infecciones, a su vez, dañan la barrera mucosa y alteran los mecanismos inmunológicos que mantienen la homeostasis vaginal.
La microbiota vaginal experimenta variaciones a lo largo de la vida de la mujer, afectando el crecimiento de Lactobacillus. Durante la infancia, el pH vaginal es neutro o alcalino, mientras que en la edad reproductiva, condiciones como la menstruación y la actividad sexual alteran su equilibrio debido a fluctuaciones hormonales y cambios en el pH. En la menopausia, la reducción de estrógenos eleva el pH al reducirse el glucógeno en las secreciones vaginales, favoreciendo la colonización por bacterias entéricas. Durante el ciclo menstrual, hormonas como el estradiol y la progesterona inducen modificaciones en el epitelio vaginal que estimulan el desarrollo de lactobacilos. Con el agotamiento folicular ovárico, la mucosa vaginal se adelgaza, disminuyen los lactobacilos y el ácido láctico, lo que reduce la acidez y aumenta el pH. Además, la composición del microbioma puede verse influenciada por factores genéticos del huésped, incluyendo diferencias raciales o étnicas.
El estilo de vida y ciertos hábitos de higiene pueden afectar el equilibrio ácido vaginal, aumentando el riesgo de proliferación de microorganismos patógenos. Prácticas como el uso de tampones y duchas vaginales pueden comprometer la barrera inmunológica natural de la vagina, alterando la integridad de sus tejidos. Asimismo, el consumo excesivo o prolongado de antibióticos puede modificar las secreciones vaginales, perturbando el delicado equilibrio del ecosistema vaginal.
El estrés crónico es una amenaza para el equilibrio fisiológico, ya que la activación prolongada de los ejes hipotálamo-hipofisario-adrenal (HHA) y simpático-adrenal-medular (SAM) puede alterar la función vaginal. Este proceso se debe principalmente a que el cortisol, en niveles elevados, inhibe la acumulación de glucógeno en el tejido vaginal. Dado que el glucógeno es esencial para la maduración del epitelio vaginal, su deficiencia compromete este proceso, afectando así un mecanismo clave para mantener la estabilidad del entorno vaginal.
El consumo de tabaco altera significativamente la microbiota vaginal, observándose una notable reducción en las poblaciones de Lactobacillus. Este desequilibrio microbiano se manifiesta mediante cambios metabólicos en el entorno vaginal, donde las mujeres fumadoras presentan concentraciones elevadas de aminas biógenas en comparación con las no fumadoras. Estas sustancias no sólo están asociadas con un olor vaginal desagradable, sino que además pueden potenciar la patogenicidad de microorganismos infecciosos, exacerbando así los riesgos para la salud vaginal.
La alimentación tiene un papel fundamental en la modulación de la microbiota vaginal, donde los déficits nutricionales específicos se asocian con alteraciones microbianas. Durante el embarazo, la carencia de hierro y vitamina D incrementa significativamente el riesgo de desarrollar vaginosis bacteriana. Asimismo, la deficiencia de vitaminas A, C, E y betacaroteno se correlaciona con mayores tasas de esta condición. Se ha demostrado la asociación entre la deficiencia de hierro y una mayor prevalencia de infecciones por Candida, evidenciando el impacto directo del estado nutricional en el equilibrio del ecosistema vaginal.
Los antibióticos y probióticos constituyen una estrategia terapéutica para normalizar la microbiota vaginal y optimizar la salud reproductiva, demostrando utilidad particular en el manejo del síndrome de ovario poliquístico (SOP). Su acción se ejerce mediante la regulación del perfil hormonal y la modulación de marcadores inflamatorios. Estudios evidencian que la administración de probióticos en pacientes con SOP induce mejoras significativas en parámetros endocrinos, manifestadas por la disminución del índice de andrógenos libres (FAI) y el incremento de la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG). En paralelo, se observan efectos antiinflamatorios caracterizados por el aumento de óxido nítrico plasmático (NO) y la reducción de malondialdehído sérico (MDA), indicadores de estrés oxidativo.
La vaginosis bacteriana (VB) es una infección frecuente en mujeres adultas que se caracteriza por altas tasas de recurrencia, incluso tras la administración de un antibiótico adecuado. Estudios recientes sugieren que la reinfección puede deberse al contacto sexual con la pareja que habitualmente no recibe tratamiento. Este descubrimiento ha generado un debate sobre la posible clasificación de la vaginosis bacteriana como infección de transmisión sexual (ITS); y, debido a que presenta una etiología multifactorial no dependiente de un único patógeno, se sugiere que el enfoque terapéutico utilizando antibióticos y probióticos debe ser dirigido a ambos integrantes de la pareja.
La flora vaginal constituye un sistema biológico complejo y vulnerable, esencial para el bienestar reproductivo de la mujer. Su estabilidad puede comprometerse por diversos elementos, tanto modificables (higiene íntima, manejo del estrés, consumo de tabaco, alimentación y terapia antibiótica), como no modificables (etapas vitales, fluctuaciones hormonales y factores hereditarios). Estos desajustes microbianos, denominados disbiosis, elevan la probabilidad de desarrollar patologías del tracto urogenital. No obstante, intervenciones como la administración de probióticos y una dieta equilibrada son herramientas efectivas para restablecer el equilibrio microbiano, subrayando la necesidad de un manejo multifactorial para preservar la salud vaginal óptima.
Glosario
Microbiota: se refiere al conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, virus, arqueas y protozoos) que habitan de manera natural en un ambiente específico del cuerpo humano, como el intestino, la piel, la vagina o la cavidad oral.
Anaerobios: son microorganismos (bacterias, arqueas y hongos) que no requieren oxígeno molecular (O₂) para su crecimiento y metabolismo.
Aerobios: son microorganismos (bacterias, hongos o protozoos) que requieren oxígeno molecular (O₂) para realizar su metabolismo energético mediante respiración celular.
Homeostasis: proceso fisiológico mediante el cual los seres vivos mantienen un equilibrio interno estable (temperatura, pH, niveles de glucosa, electrolitos, etcétera.), a pesar de los cambios en el entorno externo.
Disbiosis: es una alteración patológica en la composición, diversidad o función de la microbiota comensal (bacterias, hongos, virus y arqueas) que habita en un nicho corporal específico (intestino, piel, vagina, etcétera.), generando un estado proinflamatorio o de inmunosupresión que predispone a enfermedades.
pH: valor utilizado con el objetivo de medir la alcalinidad (basicidad) o acidez de una determinada sustancia, indicando el logaritmo negativo de la concentración de protones (H+).
Lactobacillus spp.: significa que se está hablando de varias especies diferentes de bacterias Lactobacillus.
Referencias
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