¿Por qué tener y escribir libros de matemática?
Por: Dr. Esptiben Rojas Bernilla
Universidad de Magallanes (Chile)
Los que han visitado mi biblioteca personal y/o han visto mis charlas por YouTube, que generalmente realizo en mi biblioteca, han preguntado: ¿por qué tener tantos libros? ¿Los has leído todos? ¿Qué sentido tiene acumular libros de matemática que tratan del mismo tema? Además, dicen: “Todo está en internet y los libros en PDF no ocupan espacio, están disponibles gratuitamente”.
Es difícil explicar el amor por los libros, puesto que es un sentimiento humano adquirido a través de cientos de años de evolución. Cuando a Humberto Eco –que tenía más de 30.000 libros en su casa– le decían: “¿Los has leído todos?”, él respondía:
“Es una tontería pensar que tienes que leer todos los libros que compras, como es una tontería criticar a quienes compran más de los que jamás podrán leer. Sería como decir que deberías usar todos los cubiertos o vasos o destornilladores o brocas que hayas comprado antes de comprar otros nuevos”.

Para el caso de los libros de matemática, no es lo mismo que leer una novela o poesía. Por ejemplo, ¿por qué tener 20 libros de Cálculo diferencial e integral, si en todos esos libros se encuentran los mismos temas, incluso problemas y ejercicios parecidos? Pocos investigadores en matemática tienen una biblioteca extensa y, de libros básicos, como Cálculo, suelen tener uno, dos o quizás tres, nada más. De este tema existen libros clásicos imprescindibles, y que no son de edición reciente o pedagógicamente asequibles. Quizás un pedagogo en matemática necesite más libros y, sobre todo, de edición reciente; un matemático investigador, en principio, no lo necesita. Incluso, la mayoría de matemáticos se rehúsan a escribir un nuevo libro de Cálculo, porque dicen que “los mejores libros de cálculo ya están escritos”; prefieren escribir nuevo conocimiento matemático.
La matemática, como un conjunto de sistemas formales, con una semántica universalmente aceptada, en una línea específica de investigación, es posible incursionar en ella con pocos libros básicos –por supuesto que es necesario cierta formación para ello–; todo lo demás se encuentra en papers, seminarios y en el talento para generar nuevas ideas matemáticas. Es común ver en las oficinas de trabajo de un matemático un lugar lleno de papers, escritos en la pizarra y en hojas de papel, y pocos libros a la vista.
El matemático tiene un amor por desarrollar nuevos teoremas, y no en convertirse en un erudito en distintos temas matemáticos. Entonces, ¿por qué tener tantos libros de matemática? Daré una respuesta personal; no me atrevo a decir que es el mismo sentimiento de todos los matemáticos que tienen una amplia biblioteca.
Los que miramos a la matemática más allá de un conjunto de sistemas formales, ontológicamente neutra, sino como una empresa profundamente humana, y que trata de entender y explorar desde las profundidades de las ideas matemáticas: ¿qué es la matemática?, ¿qué es un objeto matemático?, etc.
Para tal empresa, no solo es necesaria una formación matemática a nivel de doctorado, sino también tener una amplia cultura histórica-filosófica, para intentar aportar en ese ámbito. Para ello, sí es necesario tener muchos libros, no solo de áreas fundamentales de la matemática, sino también de historia y filosofía, para contextualizar a los matemáticos y su pensamiento, procesar sus ideas, darles sentido, además de identificar sus problemas filosóficos esenciales.
Escribir un libro de matemática, aunque sea de un tema básico como el Cálculo diferencial e integral, se puede aportar experiencia y darle al contenido un estilo y enfoque muy personal. Debe ser un texto que se diferencie de otros; tiene que aportar algo más. También, para ello, es necesario tener muchos libros, no solo de Cálculo, sino también de Análisis, Geometría Diferencial, Topología, etc. Todo está conectado; para percibir la belleza de las ideas es necesario ver distintas miradas en distintos libros.
El amor por el objeto físico libro es otro tema. A veces compro libros usados; algunos vienen con marcas, mal cuidados. Son las cicatrices del alma del libro. Trato de repararlos, los limpio, los forro; conmigo pasan a mejor vida. Cuando entro a mi biblioteca, siento que me miran y me agradecen.
