Premio Nobel de Medicina a los científicos que descubrieron el “interruptor molecular para las células nerviosas”
Oslo, 7 octubre 2026.- Los científicos Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel fueron nombrados ganadores del Premio Nobel de Medicina 2026, tras descubrir el funcionamiento de canales iónicos activados por luz en las células. Ese proceso, denominado optogenética, utiliza la luz azul para controlar el funcionamiento de las neuronas, lo que permite conocer más sobre su operación, cómo se comporta el cerebro y cómo éste guarda o procesa memorias y sentimientos.
Esa luz azul es una porción del espectro de luz visible (con una longitud de onda corta de entre 380 y 500 nanómetros) que tiene una influencia directa y potente sobre el sistema nervioso central, el reloj biológico y diversas funciones cerebrales.
El nombramiento fue dado a conocer durante la madrugada de este lunes por el Instituto Karolinska en Estocolmo, Suecia. La entrega de la medalla se realizará el jueves 10 de diciembre en la sede de la Academia Sueca, fecha coincidente con el aniversario luctuoso de Alfred Nobel.
De acuerdo con el comunicado publicado por la Academia Sueca, se decidió otorgar el premio debido a que “los laureados han colocado una pieza angular en una nueva era para las neurociencias”. Per Svenningsson, quien encabeza el comité para entregar esta categoría del premio, aseguró que “la optogenética puede proveer de oportunidades para mapear el cerebro de una forma en la que antes sólo se podía soñar”.
Investigación comenzó en 2000
La investigación comenzó en 2000 gracias a la curiosidad de Peter Hegemann (1954, Münster, Alemania), biofísico e investigador del Instituto Max Planck y de la Universidad de Humboldt en Berlín, quien investigó el funcionamiento y la reacción de las clamidomonas, microalgas que tienen la capacidad de moverse hacia una fuente de luz.
Junto a su colega Georg Nagel (Weingarten, Alemania, 1953), profesor de medicina biomolecular de la Universidad de Würzburg, en Frankfurt, y especialista en fisiología molecular de plantas, Hegemann descubrió una proteína llamada channelrhodopsin (rodopsinas de canal, en alemán), que se encuentra en la superficie de las células de dichas algas, y que reacciona mediante estímulos de luz azul. Al ser iluminada, los átomos de la proteína generan una carga eléctrica y crean un impulso que atraviesa toda la célula, lo que permite que ésta se vuelva fotosensible.
Sería en 2005 cuando el profesor en bioingeniería y siquiatría del Instituto Howard Hughes Karl Deisseroth (Boston, Estados Unidos, 1971) realizó experimentos con rodopsinas de canal para estudiar el sistema nervioso de las ratas y descubrió que al suministrar luz azul a la proteína se desencadenaba una reacción neuronal en los animales. A este proceso se le denominó “optogenética”, y ha permitido a los investigadores revelar cómo funcionan los circuitos neurales que controlan ciertos recuerdos, sensaciones y comportamientos relevantes para entender desórdenes neurológicos y siquiátricos.
Estudia el Parkinson, la epilepsia y la depresión
La optogenética también permite apagar o reactivar de manera específica neuronas y otras células, lo que permite estudiar con mayor precisión enfermedades como Parkinson, epilepsia, depresión, adicciones y accidentes cerebrovasculares. Incluso, este procedimiento es utilizado por investigadores en medicina clínica como un método innovador para buscar mejorar la vista a personas con problemas visuales.
“La optogenética ha cambiado de manera fundamental la forma en la que entendemos nuestro cerebro. Cada día trae nuevos descubrimientos que nos ayudan a resolver uno de los misterios más grandes que tiene la humanidad: cómo funciona nuestra increíble mente”, concluye el comunicado publicado en el sitio web del Premio Nobel.
Los tres investigadores se dijeron “muy sorprendidos” tras haber sido declarados merecedores del premio. En específico, Karl Deisseroth dijo que recibió la llamada “adormilado” debido a la diferencia horaria entre Suecia y Estados Unidos.
El trabajo de los científicos es un modelo de perseverancia pura, un ejemplo es lo que dicen de Peter Hegemann. Así lo aseguró Christina Beck, su colega en el instituto Max Planck, quien señaló a Afp:
“Lo que más he admirado de él es, sencillamente, la gran cantidad de reveses que tuvo que soportar hasta que se produjo este avance. Develar el misterio de las rodopsinas de canal no fue un camino de rosas.”
Hegemann creció en una familia de médicos y estudió en un instituto de humanidades. No le gustaba el colegio, sus intereses fueron química, física, biología, arte y música. Disfrutaba tocando la flauta en la orquesta.
Es un hombre que hizo del fracaso una fuente de aprendizaje: “Siempre se fracasa. Diría que el pan de cada día es el fracaso. Una y otra vez hacemos nuevos experimentos en nuevas direcciones. La mayoría de los experimentos salen mal y, si uno no es capaz de soportarlo, tampoco servirá de nada en la investigación”, afirmó el biofísico.
“Todo siempre es una combinación de casualidad y observación minuciosa, y también darse cuenta de que se tiene algo interesante entre manos. No se trata de dejar de lado lo que no encaja en el esquema, sino que siempre intento motivar a mis colaboradores para que analicen con especial detenimiento los resultados que no encajan”, dijo.
Y aseguró: “recomendaría especialmente a mis compañeros que, en el caso de los jóvenes, no evaluaran el número de publicaciones al cabo de tres o cuatro años, sino la originalidad de la investigación”, criticó el científico en un video publicado en 2023.
Además de la ya conocida medalla, el Premio Nobel consta de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a casi un millón 200 mil dólares estadunidenses (unos 21 millones 727 mil 515 pesos mexicanos), los cuales serán repartidos entre los ganadores.