¿Qué es eso de procrastinación?

  • Implica aplazar una actividad relevante sustituyéndola por otra menos importante o más placentera, lo que genera una sensación de alivio momentáneo, pero con consecuencias negativas a largo plazo: Karla Colin, de la Facultad de Medicina

23 de febrero de 2026.-Posponer tareas y proyectos o pensar que “todavía hay tiempo” pueden parecer acciones inofensivas, pero detrás de ellas se esconde un fenómeno más complejo: la procrastinación. Esta práctica implica aplazar una actividad importante sustituyéndola por otra menos relevante o más placentera, lo que genera una sensación de alivio momentáneo, pero con consecuencias negativas a largo plazo, explicó Karla Paola Colin Mendiola, de la Clínica de Salud Mental del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.

En el ámbito universitario, Colin comentó que “procrastinar puede generar un bajo rendimiento académico, pues incrementa el estrés, la ansiedad, la culpa y los sentimientos de poca autoeficacia”. A largo plazo, estos efectos incluso podrían derivar en la deserción escolar.

Señales

De acuerdo con la psicóloga, entre los pensamientos más comunes de quienes procrastinan se encuentran frases como “después lo hago”, “todavía tengo tiempo” o “primero hago otra cosa”. Estas ideas suelen venir acompañadas de conductas como el deseo urgente de realizar actividades secundarias que sólo postergan lo importante.

Si bien a corto plazo se puede experimentar una sensación de alivio –al disminuir momentáneamente la ansiedad o el estrés–, la especialista advirtió que ese efecto “no es positivo, porque únicamente retrasa el malestar y refuerza el ciclo de postergación”.

La procrastinación, explicó, se relaciona con la falta de regulación emocional y, en algunos casos, con síntomas de ansiedad o depresión. “Muchas veces aplazamos tareas, proyectos o trabajos finales, para no experimentar el malestar que nos genera hacerlas. Por esto preferimos realizar otra actividad que nos dé un placer inmediato, como ver redes sociales o una serie”.

Además, es importante distinguir este comportamiento del simple descanso. La diferencia entre descansar y procrastinar radica, dijo, en el objetivo y en la sensación posterior: “Cuando descansamos, hacemos una pausa activa y al finalizar nos sentimos más relajados y menos estresados; en cambio, al procrastinar seguimos pensando que deberíamos estar haciendo la tarea pendiente, por lo que realmente no disfrutamos la actividad sustitutiva”.

Tres tipos

Como parte de una estrategia de apoyo a la comunidad estudiantil, Karla Colin impartió, en septiembre-octubre del año pasado, el taller “Procrastinación: ¡no lo dejes para mañana!”, integrado por cuatro sesiones en las cuales se trataron las causas y consecuencias de la procrastinación, además de herramientas centradas en la gestión del tiempo y la regulación emocional.

En el taller, se identificaron tres tipos de procrastinación: por evasión, cuando se evita una tarea por miedo al fracaso; por activación, cuando se pospone una actividad hasta que la presión del tiempo obliga a actuar; y por indecisión, cuando la persona duda sobre cómo o cuándo comenzar.

Entre las estrategias que enseñó están la respiración diafragmática, que implica respirar profundo y lento, utilizando principalmente el diafragma; otro ejercicio es la relajación muscular progresiva, que consiste en tensar todos los músculos y luego liberar esa tensión poco a poco; también la técnica de acción opuesta, que es realizar deliberadamente aquello que estás evitando y el autoanálisis de pensamientos para identificar cuáles son las creencias que fomentan la postergación.

Asimismo, la especialista recomendó métodos prácticos para organizar las tareas y aprovechar mejor el tiempo, como la matriz de Eisenhower, que ayuda a diferenciar lo urgente de lo importante y lo no tan relevante, para saber con qué actividades debes iniciar y evitar una saturación mental por no saber decidir.

Para dicho ejercicio puedes tomar una hoja y hacer divisiones con una pluma o lápiz de modo que quede dividida en cuatro cuadrantes. En el primero, debes escribir todas las tareas que son urgentes; en el segundo, las que son importantes, pero no urgentes; en el tercero, aquellas que son urgentes pero no importantes: y en el cuarto, las que no son urgentes ni importantes.

Otra herramienta es el método Pomodoro, que divide el trabajo en bloques de 25 minutos con pausas cortas de cinco minutos entre ellos, esto ayuda a gestionar el tiempo y a planificar.

Primero, define la tarea que debes hacer; segundo paso, usa un temporizador y ajústalo a 25 minutos; en el tercer paso, debes concentrarte en hacer la tarea durante ese tiempo; al final, descansa cinco minutos y vuelve a empezar ya sea para continuar con la actividad que estabas haciendo o iniciar con una nueva.

El taller también incluyó actividades de reflexión grupal y ejercicios para detectar las emociones que detonan la procrastinación, con el propósito de que los estudiantes aprendieran a reconocer patrones de conducta y desarrollen hábitos más saludables.

Finalmente, Karla Colin subrayó que aunque la procrastinación puede afectar diversas áreas de la vida académica y emocional, también es un hábito que se puede modificar cuando se aborda de forma consciente. “Buscar apoyo, identificar los desencadenantes y aprender estrategias de organización y regulación emocional permite, poco a poco, recuperar el control. Atender el problema no sólo mejora el rendimiento académico, sino también el bienestar general”.

Testimonio

Paola Lizeth Gutiérrez Mora, de la Facultad de Derecho de la UNAM, relató que cuando cursó la preparatoria se percató de que postergaba sus tareas y actividades escolares con frecuencia.

La peor parte, comentó, “era cuando trabajaba en equipo porque mis compañeros siempre tenían que estar atrás de mí, apurándome, para que entregara lo que me correspondía de los proyectos. Yo los enviaba casi siempre a la mera hora y lo peor fue cuando me llegaron a sacar de los equipos y a decirme que ya no necesitaban mi colaboración”.

Recordó que sentía que no la entendían ni le tenían paciencia o consideración. Cuando intentaba hacer sus deberes, pensamientos como “ahorita lo hago” o “lo hago en 10 minutos” invadían su mente y, a veces, terminaba realizando otras actividades, como jugar o ver películas.

“Cuando me daba cuenta de que no hacía lo que debía, me llegaba un sentimiento de frustración y enojo conmigo misma. Me repetía que sería la última vez, pero no podía romper el hábito. Fue hasta que tomé terapia psicológica que entendí que estaba pasando por momentos de procrastinación, y ahí me ayudaron a atender esta problemática y a trabajar mis emociones, porque tenía ansiedad y depresión”, contó.

También cursó talleres sobre organización del tiempo, en los que aprendió técnicas para planear mejor sus actividades. Así fue como, poco a poco, comenzó a centrarse en sus proyectos y tareas, mejoró la relación con sus compañeros y en la actualidad se siente con más ánimo y mejor rendimiento escolar.

“Si alguna alumna o alumno se siente con apatía o pereza de realizar sus deberes, tiene que pedir ayuda para identificar si está pasando por un fenómeno de procrastinación y entender que se puede superar. Cuando sean guiados, lograrán tener un mejor ánimo y desempeño académico. Es importante que no se rindan, porque siempre hay la posibilidad de transformar aquello que hoy pesa y convertirlo en una oportunidad para crecer”, finalizó.