Urge cambio estructural en producción, distribución y consumo de energía: UNAM

  • Alertó que ninguna nación alcanzará los Objetivos de la Agenda 2030 por diversos motivos, como la guerra

UNAM, 17 SEPTIEMBRE 2026.- Transitar a las energías renovables no basta, hay que hacerlo de manera inteligente y con visión ética, aseveró la integrante del Instituto de Energías Renovables e investigadora emérita de la UNAM, Julia Tagüeña Parga.

Debe ser con cuidado del equipo que se emplea, o el reciclaje de las baterías (que utilizan elementos no renovables). En este proceso “surgen tensiones éticas cuando la innovación acelerada en tecnologías renovables (módulo fotovoltaico, palas de aerogeneradores y baterías de iones de litio) acorta los ciclos de vida útiles y genera flujos masivos de residuos al final de la vida operativa”.

A decir de la científica, se requiere un cambio estructural en la forma en que producimos, distribuimos y consumimos energía, además de evitar cargas ecológicas no compensadas a generaciones futuras y a comunidades marginadas.

Se tienen que reducir emisiones de gases de efecto invernadero, pero sin agotar materiales para que sea resiliente, subrayó al participar en la sesión “Construyendo la sustentabilidad: la transición energética y sus dilemas éticos”, de la Cátedra Extraordinaria de Bioética.

Tagüeña Parga recordó que estamos pasando de un modelo que se basó en combustibles fósiles, como petróleo, carbón o gas, a un sistema de fuentes de energía solar, eólica o hidroeléctrica.

Hoy en día, opinó, es importante hablar del efecto que puede tener a partir del punto de vista ético y de derechos humanos. Hay que tomar en cuenta al ambiente, lo que nos daña a las personas y a todas las formas de vida.

Por ejemplo, para la descarbonización hay modelos para guardar el bióxido de carbono en cuevas subterráneas; sin embargo, hay que preguntarse si eso es lo que conviene ecológicamente hablando.

Estabilidad del planeta

La universitaria señaló que el desarrollo sustentable consiste en alcanzar el bienestar de los seres humanos al considerar simultáneamente aspectos sociales, económicos, ambientales e institucionales, con atención especial a los más desprotegidos y a las generaciones futuras.

La sustentabilidad –detalló en la sesión a distancia moderada por Carol Hernández Rodríguez, investigadora del Programa Universitario de Bioética– tiene cuatro factores fundamentales: naturaleza, economía, sociedad y organizaciones (gobernanza), que se combinan en un sistema complejo.

Rememoró que entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por Naciones Unidas en 2015 están: educación de calidad y la igualdad de género; incluyen energía renovable y limpia. Cada nación reporta a ese organismo internacional sus logros en la materia y los compromisos firmados. No obstante, ninguna alcanzará los Objetivos de la Agenda 2030 por diversos motivos, como la guerra.

Son nueve los procesos que afectan la estabilidad de nuestro planeta, entre ellos: cambio climático, acidificación de los océanos, modificación de uso de suelo (deforestación), o contaminación de la atmósfera. Se trata de las principales actividades humanas que generan impactos sustanciales en el medio ambiente. De esos límites planetarios seis han sido rebasados, alertó Tagüeña Parga.

De acuerdo con la experta, las ciencias de la complejidad es el enfoque moderno para efectuar investigación, es decir, a partir de la multidisciplina. Este tema tiene que ver con física, química, ingeniería y biología, pero también con ética, ciencias sociales, etcétera.