Venta de “Dos Bocas”: sueño húmedo del PAN y Jorge Romero
- ¿y la Bicentenario, por qué no la pondrán en venta?: en sus estúpidas “soluciones para México”?
México SA
Por: Carlos Fernández-Vega
A lo largo del régimen neoliberal (36 años al hilo), una de las consignas de los tecnócratas fue (como resultado de que “el Estado está obeso”) privatizar toda la infraestructura propiedad de la nación y hacer lo propio con las riquezas naturales de nuestro país. Y, como diría el clásico, no dejaron piedra sin labrar, porque antes de que la generación de gringos nacidos en México (los “modernizadores” formados en universidades estadunidenses) asaltara el poder en diciembre de 1982, el Estado nacional participaba activamente en cuando menos 63 de las 73 ramas de actividad económica que en ese entonces tenía clasificadas el Inegi y la tendencia fue a la baja, al grado de prácticamente desaparecer en beneficio de los grandes corporativos privados (autóctonos y foráneos).
Como parte de esas consignas, los neoliberales se apresuraron a cacarear a los cuatro vientos que entre lo primero a privatizar estaba el sector energético (Petróleos Mexicanos y Comisión Federal de Electricidad), comenzando con las seis refinerías sobrevivientes (en 1991, Carlos Salinas de Gortari clausuró la número siete, en Azcapotzalco, por “razones ecológicas”, y en su terreno, anunció, se construiría un parque, el cual, a duras penas, se “inauguró” tres décadas después) propiedad de la nación, toda vez que, decían los insistentes tecnócratas (priístas y panistas), “no son rentables ni son negocio” y las canibalizaron para que grupos privados las “modernizaran”, y resultó en un sonado fracaso, pero, eso sí, en un jugoso negocio particular para los “amigos” del régimen, siempre a costillas del erario.
¿Qué sucedió? La refinación interna cayó en picada y la importación de combustibles (especialmente de Estados Unidos) creció exponencialmente a lo largo de los 36 años de neoliberalismo. Entonces, como decían los tecnócratas, no fue negocio para el Estado ni en beneficio de los mexicanos, pero sí, y muy jugoso, para los particulares.
Lo anterior viene a cuento, porque (entre su “relanzamiento” –Jorge Romero dixit– con “principios” abiertamente franquistas “patria, familia y libertad” y las “111 soluciones para México” que promueve) al PAN se le ocurrió la brillante idea de privatizar la refinería Dos Bocas, en Tabasco; es decir, la misma que desde el anuncio (2019) de su construcción, en el gobierno de López Obrador, ha criticado ácida y permanentemente, porque “México no la necesita; es tirar dinero público a la basura”. Pero, ¡sorpresa! Ahora, de forma por demás mágica, es necesaria y es negocio, según dice el “dirigente” de la empresa disfrazada de partido político.
Así es. Entre sus “111 soluciones para México” aparece la número 29: “rescate energético inteligente; se propone vender la refinería de Dos Bocas para sanear Pemex; los recursos se destinarán a modernizar la empresa y diversificar energías; la meta es transitar hacia un Pemex sostenible y rentable; una decisión estratégica para salvar el patrimonio energético”. Y ¡listo!: un “relanzamiento” y una “solución” que data de 1982, que resultó totalmente contraria a los intereses nacionales. ¡Brillante!
Obvio es que Jorge Romero y el PAN dejan de lado el histórico ridículo (entre tantos otros) que, como inquilino de Los Pinos, hizo Felipe Calderón al anunciar (18 de marzo de 2008, 70 aniversario de la expropiación petrolera cardenista): “he girado instrucciones a la secretaria de Energía (Georgina Kessel) y al director general de Pemex (Jesús Reyes Heroles González) para que, sin dilación, inicien los estudios y analicen la factibilidad técnica, financiera y logística que nos permita construir una nueva refinería en el territorio nacional”.
¿En qué terminó ese anuncio, “una buena manera de celebrar el 70 Aniversario de la expropiación petrolera” (algo que, por lo demás, repitió en no menos de cuatro ocasiones en el resto de su estancia en Los Pinos, como si fuera novedad en cada una de ellas), según presumió entonces Borolas? Pues en una pinchurrienta barda perimetral con un costo estratosférico (algo así como 600 millones dólares) y sin un solo ladrillo de la “nueva” refinería que se llamaría Bicentenario.
Entonces, antes de promover su sueño húmedo de Dos Bocas, Jorge Romero y el PAN deben informar qué pasó con la Bicentenario, dar explicaciones y denunciar a Felipe Calderón y su pandilla por malversación de fondos públicos. Y después se quejan del rotundo fracaso blanquiazul.
Las rebanadas del pastel
Con sangre en la boca, dice el delirante cuan cínico Donald Trump que en 250 años Estados Unidos “nunca ha hecho tanto bien” (expolio, sometimiento, muerte por doquier).
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